Reflexiones: NO es no, también si lo dice un niño

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Lorena Fajardo Muries

Agosto, 18.00 de la tarde, una piscina.

Una familia se refresca y juego en el agua, el más pequeño pide una y otra vez que lo lancen al aire y lo hagan volar, salpicando mucho al aterrizar. En un momento determinado se cansa y pide parar, sin embargo el adulto lo coge y glugluglug.

EL niño sale enfadado del agua: ¡te he dicho que no quería! Era una broma le dicen, ¡que quejica eres!

¿Lo habéis visto verdad? Pasa a menudo, y si no es con el agua, es con las cosquillas y si no con el ¿te vienes a mi casa? Bromas que los niños no entienden y que les hacen caer en un estado de alerta.

Desde nuestros ojos de adulto puede parecer una tontería, pero yo creo sinceramente que para ellos su mundo se rompe por un momento… ¡Eh! que esta gente es la que me protege y me cuida…¿ y ahora vienen con estas?

¿Y si además os digo que les hacemos un flaco favor, de cara a tener que protegerse de abusos? Si, si… soy una exagerada… ¿o no? En realidad al no respetar la petición (totalmente lógica) del niño, le enseñamos que lo que dice el adulto vale más, que hay que callar y obedecer, que tampoco es para tanto, que es un quejica…» 

Hemos de enseñar a los niños a hacerse respetar, y por supuesto respetarlos, y… Click to Tweet

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Una buena manera de aprender a respetar a los peques es conocer sus necesidades y las características propias de la infancia, saber que no son bueno ni malos, ni traviesos, son niños. Y hacen cosas de niños.

En este mismo blog podéis encontrar dos reseñas de libros interesantes en este sentido; El cerebro del niño y Cómo hablar para que tus hijos escuchen, como escuchar para que tus hijos hablen.


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